Entre el “érase una vez” y el “colorín colorado” hay un sinfín de posibilidades abiertas. La vida es al fin y al cabo un cuento que nosotros escribimos siendo juez y parte de la historia. Nacemos con unas cualidades, las circunstancias marcan en gran medida nuestro camino, pero somos nosotros los que hacemos que la balanza se nivele de una u otra manera determinada.
Dejamos que nos vendan el “vivieron felices para siempre”, que suena bien comoeslogan publicitario, pero que no es cierto. Me pregunto que le pasó a Cenicienta y al Príncipe cuando la rutina y los niños hicieron que se les acabara el amor, cuando Blancanieves se canso de cocinar y limpiar para siete o a Peter Pan se le cayeron los dientes de comer chucherías. Que pasa cuando el cuento se acaba y la historia sigue.
No hay un hada madrina en nuestras vidas que ha golpe de barita mágica haga el trabajo y ayude a llegar a fin de mes. Sin embargo en el largo camino de la vida encontramos a más de una madrastra y nos toca tragar más de una manzana podrida. El problema es que el beso redentor no llega y el compañero soñado no pasa de ser sapo. La vida no es un cuento fácil.
Un buen amigo me contó una gran historia, la fabula de un filósofo que introdujo a sus discípulos en una sala oscura. Les pregunto: ¿qué ven?, a lo que respondieron: “nada, la oscuridad no nos deja ver”. El filósofo dio una palmada y se encendieron mil lámparas de intensa luz. Volvió a preguntar y la respuesta fue similar: “la luz cegadora nos impide ver”. “Aprendan pues la lección”, dijo el maestro, “ni en la absoluta luz, ni en la completa oscuridad podemos ver. Por eso estamos hechos de luces y sombras. En el equilibrio esta la clave”.
El final feliz esta en gran parte denuestra mano. El hecho de confiar en nosotros mismos no da una certeza de éxito, pero hace que se recorra mucho camino. El miedo al fracaso hace muchas veces que seamos nosotros los que cortemos nuestras propias alas, siendo los culpables de la catástrofe. No intentarlo para evitar la decepción, no es una salida. Hay que estar preparados para afrontar el resultado pese a no ser el esperado. Siempre queda la satisfacción personal de haberlo intentado.
El destino es pues un trabajo interno de autosuperación, de rodearse de buenos compañeros de camino y de saborear cada instante con sus pequeñas satisfacciones. Si siempre esperamos a mañana para disfrutar de los grandes logros corremos el riesgo de que ese mañana no llegue Hay que saborear cada pequeño bocado de vida y aprender a relativizar los contratiempos.
No vivimos en un cuento de hadas donde todo es color de rosa. La vida tiene infinidad de tonos y matices. Hay luz incluso en las sombras, somos lobos y corderos. Solo depende de cómo queremos ver las cosas, ver el vaso medio lleno o medio vacío es nuestra decisión. Éxitos y fracasos forman parte del día a día, pero es la manera que tenemos de afrontarlos lo que cincelan nuestra personalidad y forja nuestro carácter. Eso es lo maravilloso de la vida, la capacidad de reinventarnos en cada paso, decaer y levantarnos. Tenemos ilimitadas posibilidades de ser felices. En definitiva, tenemos una vida para ser vivida.